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domingo, 8 de enero de 2017

TODOS LOS ROSTROS. Prontuario de Memoria Democrática y su represión fascista. Acto 4º. LA IGLESIA, CULPABLE DE CRIMENES DE LESA HUMANIDAD


LA IGLESIA, CULPABLE DE CRIMENES DE LESA HUMANIDAD

Hostil, la Iglesia Católica arma a sus fieles contra la República; llama al exterminio de opositores; elabora listas de muerte, designa a quién fusilar, anima a los asesinos a intensificar la matanza...

Ésta es la Iglesia Católica en la “guerra”. Cientos de curas asesinos que arengan tropas, bendicen asesinos, llevan pistola sobre la sotana, participan en ataques, disparan ametralladoras desde campanarios, matan y dan tiros de gracia y justifican las atrocidades de los asesinos.

¿Su paradigma? Un cura armado que le dice a una madre que intercede por su hijo condenado a muerte: "Mira hija, si lo matan ahora irá al cielo. Si no lo matan, volverá a la andadas y se condenará. ¿Qué mejor momento para morir que ahora que está confesado?".

por paco.de.jerez@gmail.com

1 comentario:

Loam dijo...

Del libro de Hilari Raguer "La pólvora y el incienso", (pág. 399-400)

BORRACHERA DE NACIONALCATOLICISMO
La actitud de la Iglesia española en la posguerra fue de una grave inconsciencia. Me limitaré a algunos ejemplos concretos y significativos. José Mª de Llanos, siendo estudiante jesuita en Granada, presenció una pintoresca visita del general Millán Astray:
"El entusiasmo ante Millán Astray era común, y el aplauso cerrado. El decía de la pasada cruzada y sus maravillas. Un escalofrío nos sacudía a la abigarrada clericalidad juvenil. El Imperio, según el general, estaba a la mano y constituía un deber. Más de una hora con no sé cuantos gritos y aclamaciones. Había que terminar lanzando los himnos. Primero el de los legionarios; era el suyo, de él; después, brazo en alto, el Cara al sol. Pero tenía que haber más. "Ahora el de vuestro san Ignacio, el capitán; pero también brazo en alto, a lo fascista". Entusiasmo. Por último: "Y ahora, eso que cantáis, que tanto me gusta, eso del amor y no sé qué..., amor y amores... Bueno, pero ¡de rodillas!, brazo en alto". Asombro, pero satisfacción. Cerca de doscientos clérigos, incluídos algunos teólogos de más de sesenta años, se postran, alzan el brazo y, con Millán Astray como primera voz, nos arrancamos fervorosos con el Cantemos el amor de los amores... (...). A su despedida, lo acostumbrado: el teologuillo que se acerca: "Mi general, le vi una vez desde las trincheras, he hecho la guerra durante los tres años, ¡a sus órdenes!" Y Millán, que tira de la cartera y saca mil pesetas -¡de entonces!-: "Toma, para que te emborraches".